Reseña en la revista LUKE

Por Ángela Mallén

Despojamiento:
Kepa Murua nos entrega un poemario hecho de desnudos psíquicos. Se trata de un juego de momentos introspectivos que comenzó hace treinta años un hombre ensimismado en el centro de un mapa / que podría ser el de mi cerebro (p.10).  La conciencia ante el espejo (p.79) habla con voz serena sobre el heroísmo del miedo, la rendición como triunfo, o la belleza de vivir el choque de los opuestos y ver la luz de sus chispas. Recorre el libro una mirada de escalpelo, un corte helado transversal que deja ver los tejidos de su nostalgia, las capas de su biografía y el vapor de las emociones.

 

2018-05-05

Ilustración de Ardiluzu

 

Búsqueda:
Sesenta y cinco autorretratos ante el espejo interior. Autorretratos de la autoconciencia. Y la poesía que desprende el pensamiento cuando ilumina en su búsqueda pequeñas realidades. Coherencia en este rastreo insistido, o quizás habría que hablar de resistencia, de mantener el pulso al experimentar la vida con estoicismo y gozo, nunca con exaltación. La obsesión a veces alrededor de ciertos tópicos, porque “Si sólo hubiera una verdad, no se podrían pintar cien cuadros sobre el mismo tema”, dijo Picasso.

Tránsito:
Son viejas las piedras y los arquillos / que sujetan los relojes parados (p.117). Encontramos en el libro lo contrario de lo que indican estos versos: porque no le interesa ni lo pétreo ni lo parado, sino la presencia del poeta ante el tránsito, como quien acaricia el río con sus manos. Un discurso de capas transparentes arrastra la cotidianidad, los fragmentos de identidad, la extrañeza con que a veces se experimenta la lluvia, la pregunta que se hace el mundo a sí mismo. Todo discurre y … quizá / estamos a salvo entre el tumulto y el murmullo (p.53). Y el poeta Murua se despide de las imágenes con un largo pañuelo blanco, con la elegancia de quien en un acto de conciencia se convierte también en tránsito.

Juego de límites:
A partir de la página 59, los retratos empiezan a tener más de fotografías tiradas al aire, o de selfie, o de imagen de fotomatón. Quizás porque la vida del poeta se acelera, y los momentos internos son más efímeros, más frágiles. Entonces parecen más “retratos sobre un fondo de paisaje”, como dice el propio autor. Y nos recuerdan al discurso de los paseantes, como Robert Walser o Azorín, escritos en una intemperie limítrofe con lo interior. Algo entre urbanita y orgánico. En Autorretrato con mujer desnuda queda clara esa focalización “desde fuera”, ese juego de límites.

Trascendencia:
Hay en todo momento una oferta de refugio al “otro”, una renuncia a deponer las armas y una exculpación. Algo de épica. Pero también hay un mano a mano con la trascendencia, un no sucumbir a la sublimidad. Un querer lo diáfano, luminoso y funcional. Tenía las palabras exactas / para que no pasaras miedo, pero te llamo / por teléfono y nunca te encuentro en casa. (p. 31).

Referentes:
El poemario se nos presenta desnudo también de citas. Y si algún referente resuena durante la lectura, ese es Proust en su ensimismamiento nostálgico, aunque aquí no es el tiempo perdido lo que se busca, sino la identidad de la persona que se escurre entre sus tiempos y sus propios personajes. Ese que está al otro lado de todos los espejos.

Espejos:
Autorretratos de quien atraviesa una galería de espejos deformantes, retrovisores o confrontados. Y por eso el poeta se reconoce en los otros: Mi vida es como la de otros. / Igual de mezquina y llevadera. (p. 27). Ofrece coartada: Si más allá de estas letras te persigo / es para gritar mi inocencia. (p. 27).  Reivindica su derecho al heroísmo:  Soy un hombre corriente que se atreve con su retrato. (p.24). Reafirma la derrota: Miedo de ser / un pobre hombre que se acuesta marchito. (p.28). Opta por la memoria de lo frágil: Te hablaría de los recuerdos que se pierden / y de aquellos momentos, efímeros y frágiles, / que se guardan para siempre. (p. 27).  Insiste en el derecho a la salvación: Nunca se deben cerrar los ojos / por más que sintamos la locura. / Todo retrato se vislumbra / con una sombra gris al fondo. (p. 38).

Inventario:
Autorretratos delata treinta años de inventario interior. Y testimonia que, cuando se crece, sólo puede hacerse en cordura, melancolía e incertidumbre.

Síntesis:
Por último, destacar las magníficas ilustraciones de Ángel López de Luzuriaga. Sus trazos en blanco, negro y gris que tanto comparten con la obra misma y tanto aportan a su vez: agilidad, elegancia y síntesis. Esbozos meditados que contienen los rasgos físicos y psíquicos del poeta y acentúan los poemas como trazos sobre la imagen del espejo.

Luke 183, marzo-abril 2018

 

 

 

 

 

 

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