24 de agosto de 1998

Las cuatro de la mañana. No puedo dormir, intuyo que me he librado de algunas trampas como la falsa modestia en literatura, la promoción interesada de un grupo de amigos, la hipocresía y las buenas palabras de un grupo de escritores, el falso compromiso de editores de medio pelo que solo buscan una salida personal, una justificación a un deseo diletante y mezquino del arte y la política, la ignorancia de tanto gestor cultural y el analfabetismo de tantos que dicen saber tanto y no saben nada. Pero a diferencia de todos, sigo trabajando como un perro y no tengo dinero. En otras palabras, yo el más tonto.

Del libro Los pasos inciertos. Memorias de un poeta metido a editor. Milrazones 2012.

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