La soledad nos puede afectar a todos, la búsqueda de lo que amamos o anhelamos es una batalla eterna que surge entre lo que somos, creemos ser y hacemos. Pero De temblores habla de la comunicación entre las personas, habla de la incomprensión. Habla de un hombre que no entiende a las mujeres y que en su soledad no entiende la fuerza del amor.

En la vida sentimental del protagonista, un escritor, al que finalmente le responden con la misma moneda, ni siquiera hay tiempo para el amor, todo acaba antes de que pueda completarse. Los diálogos lo reflejan, pues se trata de quejas, de que él se fue, de sus infidelidades y algunas cosas más. Son conversaciones con exparejas, parejas que empiezan, con mujeres que apenas si ha visto una o dos veces. Es evidente que ellas están solas y que él también lo está pero además, que todos buscan una respuesta a esa soledad en la que viven.

¿Acaso será que una novela que habla de la soledad es una en la que no hay contacto con nada ni nadie? ¿En la que todo es árido? Pienso en La gran noche de Adamek o The Road, de Cormac McCarthy, novelas donde, aunque hay diversos temas, la soledad es una constante. Mi respuesta es entonces: no necesariamente. La soledad no es un tema solo de distancia física o aridez, es mucho más.

En todas mis novelas y en muchos de mis libros se cruzan el deseo y el paso del tiempo. En De temblores se dice que cuando el deseo ataca, los hombres pierden la cabeza. Las mujeres parece que saben más cómo controlar ese impulso, pero no deja de ser solo un impulso al que quizás después siempre le llega su vacío, su falta de energía o lo que es peor, la pérdida de la misma, del entusiasmo, y eso nos sucede a todos cuando el deseo es solo eso. Es el temblor que ronda a tantas existencias en la mirada de un escritor que escruta su vida para conocerse al milímetro. Un hombre que se siente solo cuando más acompañado pudiera estar.

Si hay una frase que resuma al libro, podría ser la de la página 111: “El amor que no quiere dejar a solas al deseo”. El título se extrae de una sentencia que se repite en la novela: “De temblores está hecho el amor”. Aunque bien pudiera decirse también: “De temblores está hecho el desamor”.

 Km, 8 de noviembre de 2017

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Fotografía de Ardiluzu

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