Soy modesto pero, como ya no soy el ingenuo de antes, comprendo más de lo que ellos mismos se creen cuando te responden con eso de “restricciones presupuestarias” o “no hay dinero”, y tú te quedas en silencio cuando presentas tus propuestas y parece que no tienes un trabajo. Pero no es verdad lo que nos dicen, pues sí que lo hay para otras cosas que no tienen nada que ver con la cultura. ¿Por qué no dicen de una vez que la cultura no les interesa? Por lo que oigo, la gastronomía es el tema cultural que gusta a todos. El tema crucial del que todo el mundo habla, del que todo el mundo entiende, cuando lo que está bajo el corazón sale todos los días, y lo que está encima es ese algo que hay que cultivar mientras se escucha lo que se nos dice y se calla al mismo tiempo. Cuando se es consciente de la estupidez que nos rodea se vive mejor delgado que gordo. Soy modesto, sí, incluso cuando escribo y planteo mi trabajo como un labriego que en su huerta mira atento a las nubes, a ese paso del tiempo que nos dice si obtendremos la cosecha deseada. Modesto también como un científico que persevera con los días y muchas veces sin saber adónde dirigir su esfuerzo, porque en este mundo de la creación y de la cultura no existe más milagro que trabajar todos los días para que mañana obtengamos un fruto inesperado. El dinero y la comida son esos lujos y esos manjares que obstaculizan el crecimiento y el talento. (Fragmento. Libro inédito)

 

 

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