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No todo es el caos
ni la confusión
nos persigue a diario.
Vamos con tanta prisa
que apenas miramos
lo que nos rodea.
En realidad caminamos
sin saber por dónde
respira el aire
que mece nuestros cabellos
y refresca nuestra nuca
en ese peculiar abandono
que nos interroga por lo que somos.
Llueve fuera, la nube
tiene los pantalones mojados
en un sueño que nos lleva
a una terraza donde las mantas
se descubren entre alambres roñados
que van de un lado a otro
de la pared blanca.
Las sábanas, lavadas con lejía,
vuelan al aire de un verano
con un sol que traza
círculos raros
extrañamente luminosos
en unos ojos que no ven
más que la misma oscuridad
que ahora confunde al día.
Si miras en la belleza que te rodea
puede que te reconozcas en ella
y así tu alma recobrará
esos aros de la edad perdida
porque el aire tiene esa nostalgia
que nos lleva a la infancia;
un tiempo maravilloso
que parece desconocido
hasta que vuelves a ser
quien fuiste cuando te alegras por todo,
incluso hasta por lo que no tiene sentido.
Si haces un examen de tu vida,
recuerda los buenos momentos,
pues ese sentido
que crees haber perdido
tiene un extraño asombro
y una manera extraña
de presentarse,
incluso cuando ya no se esperaba
nada de ella
como que algo en nuestro interior
cambiase o se mudase
de un tiempo a otro
de una terraza a otra
de un pantalón mojado a uno seco
de una camisa sudada a una limpia.
En el aire del invierno
se secan nuestros sentimientos
más desorientados y sombríos.
Los más convulsos y profundos.
La primavera puede que los ponga a remojo
cuando todo parece perdido.
Pero con la luz del verano
se recobra el aliento
y se pintan de blanco los muros
del invierno al comprender
lo que no tiene demasiado sentido
para seguir adelante con lo que se es
al fin y al cabo en una vida
por donde, al paso de las estaciones,
la esperanza cubre de soles
el camino al fin despejado.
¿Por qué no abrir los ojos
y dejar de mirar para dentro
cuando fuera vive
lo que a todos nos espera
como esa belleza perdida
o esa humildad que nos frena?
¿Por qué seguir indefensos
y agotados a cada sorpresa
que nos depara la vida
a la vuelta de la esquina?
Cuanta más sinceridad,
más auténtica la belleza en el cuerpo.
Cuanto más tiempo
absorbe el pensamiento
a menudo desconcertado,
más se refleja
ante lo que no puede ser
comprendido.

© Km, Lo que veo yo cada noche, Luces de Gálibo, 2017.
© Fotografía: ardiluzu, 2017

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