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Revista La Galla Ciencia, 28 de abril de 2017, por Isabel Alamar.

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Kepa Murua en su último poemario Lo que veo yo cada noche (Luces de gálibo, 2017) aprovecha esos momentos que nos brinda la noche o esos primeros momentos del día para reflexionar a través de su escritura acerca de lo vivido en esa misma jornada, en particular, y también durante su vida, en general, a modo de diario.

Con unos poemas extensos, y de largo aliento y recorrido, construidos con un lenguaje sencillo, nos introduce a través de un ritmo sosegado en multitud de temas que son vitales para él, y que, además, se han repetido en numerosas ocasiones en su obra: el amor, la derrota, la escritura de calidad y auténtica, la felicidad, la fidelidad a uno mismo, la esperanza… A propósito de la esperanza, hay unos versos muy hermosos dentro del libro que voy a rescatar a continuación para nuestro deleite: “La vida necesita de su auxilio / para que se regenere / y todo brille de nuevo” (p.83). Y en todos y cada uno de estos importantes ítems buscará la complicidad del lector y la encontrará como buen observador y comunicador que es de la realidad.

El principal mensaje del libro es la aceptación de la vida tal y como es, el saber que ya nos llegará lo que andamos buscando (aunque deberíamos buscar menos y disfrutar más de lo ya encontrado o que nos llega sin más y procurar no perdemos en continuas búsquedas) pero siempre desde la calma porque como nos dice en uno de sus versos “Porque todo es más lento / de lo que parece” (p.27). Murua no se cansará nunca, y nosotros tampoco deberíamos hacerlo, de buscar la armonía consigo mismo, con los demás y con todo lo que le rodea; y es que como bien dice este escritor: “Si miras en la belleza que te rodea / puede que te reconozcas en ella” (p.51).

Por otra parte, siempre nos alentará a vivir una vida más plena y a asumir riesgos, de hecho, una de las palabras clave a la que más se alude en todo el poemario es “aire”, elemento que nos remite al constante movimiento, a la espontaneidad, a la libertad porque no hay dicha sin libertad; lo vemos por ejemplo cuando nos dice: “El aire nos mantiene / vivos y separados / unos de otros. / Y alienta nuestros pasos / más allá del infortunio”. Hay que ser valientes y mirar a la vida frente a frente procurando dejar atrás nuestras derrotas: “Miremos con ojos nuevos / lo que nos rodea.” (p.190) nos dice él. Y “fluyamos con naturalidad” añadiría yo.

Finalizo con tres versos que considero fundamentales dentro del libro: “Hay días que las puertas / que se cerraron / se abren por momentos”. Y este escritor al que nunca le ha preocupado mucho el ir a contracorriente o ser considerado un escritor de culto o para minorías tiene en esta y en otras de sus apreciaciones toda la razón del mundo, quizá por eso sus versos se vuelven cada día que pasa más optimistas y luminosos.

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