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No se ve el mundo igual desde las ventanas de un hospital. Qué cosas tiene mi padre, a su lado me sorprendo con alguna ironía o con alguna frase, aparentemente anodina, lanzada sin más. Será la vejez, una edad donde el pudor mental y la inteligencia natural se confunden con la desgana y el aburrimiento, la que le lleva a aguantar el dolor sin abrir la boca. Estos hombres son de otra pasta. El mío, a su manera, hace lo que quiere. No es mala filosofía la de vivir como se quiere –o se puede– mientras se ven pasar los días que nos quedan de vida.

© Km, Los sentimientos encontrados, Ediciones Cálamo, 2016.

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