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Sin un lector al lado, sin un lector que lea el poema escrito por un autor, el mejor poema no tiene vida. Sin un lector que sostenga un libro, lo abra y lo lea, el mejor libro, el libro más enigmático, el más hondo, no existiría.

Sin el lector, no somos nadie. Cuando nosotros mismos no somos lectores, no somos nada. Un libro sin lectores está condenado al olvido, al fracaso, podríamos decir que está muerto, y en cambio, por el contrario, con la irrupción de los lectores todo revive como cuando sale el sol después de muchos días de lluvia y la casa se ilumina con los primeros rayos de la mañana, tras la noche cerrada e intensa.

© km, Poemas de la servilleta, Olifante 2016.

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