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Territorios, El correo, 24 de septiembre de 2016, por Elena Sierra.

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“El oficio de escribir es de una inestabilidad constante. De hecho, es un oficio que no se debe recomendar a nadie. Por lo menos, el oficio de poeta, si es que podemos llamar así al mundo que el propio poeta describe con la escritura”, asegura Kepa Murua en su último libro publicado. El volumen se nutre, precisamente, de ese mundo “descubierto” con la escritura y recoge reflexiones en torno al oficio, a la palabra, a la relación con está y con los lectores, a la propia evolución a través de los años y el autoconocimiento.

Murua conoce el oficio de poeta desde hace mucho, y el primer capítulo de este libro hace referencia a esa parte de sí mismo: los Poemas de la servilleta que le dan título son aquellos que escribía siendo muy joven, en los bares, rodeado de amigos que se dedicaban a otras cosas, y que aunque de vez en cuando lo miraban como a un tipo raro y se reían de su afán literario, terminaban pidiéndole que escribieran textos para las chicas a las que cortejaban.

Este primer capítulo es el que más bebe de los recuerdos, y el que, por su tono más confesional, casi de hacer balance, y por tener un hilo argumental claro, tiene mayor valor. Pero como el autor no solo conoce el oficio de poeta, puede hablar desde el punto de vista del lector, del novelista, del editor, y lo hace. El resto son así reflexiones, a veces dirigiéndose directamente al lector como “tú”, otras como “vosotros”, a menudo desde la primera persona y siempre en torno a la palabra y el oficio, que pueden alcanzar un tono de prédica.

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