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Todoliteratura.es, 26 de abril de 2016, por Isabel Alamar.

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La segunda entrega de su diario de poeta y editor

Estamos ante la segunda entrega del diario del poeta-editor Kepa Murua, la primera fue Los pasos inciertos, publicada en editorial Milrazones en noviembre de 2012, y ahora encontraremos al escritor si cabe con un aire mucho más intimista y confesional que la vez anterior, profundizando más que nunca en su trayectoria vital y profesional.

Estas memorias tienen encima más piel y más desengaños y marcan ya lo que será el inicio de otra etapa de Murua, dado que este editor, serio, profesional, responsable –que ni se compra ni se vende ante nadie ni parece tenerle demasiado miedo a la verdad– reflexionará sobre el esfuerzo que supone mantener a flote una editorial de referencia como es Bassarai en tiempos de crisis, cuando constata que al final el balance no le cuadra. No obstante, esta experiencia y este poso enriquecedor está claro que le servirán, entre otras cosas para redactar este libro, pues hasta de los fracasos se aprende y es ahí donde empezamos realmente a saber quiénes somos, qué sentimos y qué queremos, de ahí el título: Los sentimientos encontrados.

El libro consta de 406 páginas que seguiremos con máximo interés e intriga, deseando en todo momento saber qué va a pasar y cómo acabará al final la historia, lo mismo que si se tratase de una novela de suspense. Con su lectura, nos parecerá conocer a Kepa Murua, tenerlo frente a nosotros, como en un espejo, ya que asistiremos a su día a día como editor, pero también veremos su lado más humano (y algunos de sus momentos más duros en su ámbito privado, puesto que en ese momento está pasando por su divorcio). Tendremos también consejos impagables para los escritores que están comenzando su andadura sobre las cosas que no se deben hacer nunca y pueden sacar de quicio a un editor o sobre cómo hemos de escribir, así en la página 302 encontramos: “Hay que escribir como uno quiere, guste a la gente o no. Hay que escribir como uno siente, lo entienda la gente o no. Debe haber una verdad, oculta o no, debe existir un sentimiento artístico”. También mostrará sin temor algunas de sus opiniones sobre el sector del libro y la cultura, nos contará los libros que está leyendo, las exposiciones que visita o abordará cuestiones políticas y todo ello estará sazonado siempre, de forma amena, con una prosa ágil, elegante –y no exenta de belleza y poesía, como podemos apreciar por ejemplo en la página 227: “Me levanto temprano, camino a oscuras por la playa. Siento cómo amanece sobre el mar y veo cómo se abren esas pequeñas nubes que guardan la luz sobre sus espaldas”–, una prosa que incluirá anécdotas personales, reproducciones de algunas de las cartas o de las charlas que mantuvo con otros escritores, críticos y editores, y fragmentos de su vida personal que enriquecerán sin duda el relato.

En fin, Kepa Murua nos sorprende una vez más con unas páginas tan sinceras y reveladoras de lo que es ser editor, escritor y persona, y nos promete una o dos entregas más de estos diarios. De momento ya tenemos dos para disfrutar de verdad y salir como él un poco más fortalecidos y sabios.

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