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No lo parece, pero la vida tiene
los ojos abiertos de un azul liso
como el mar que nos separa desde la puerta.

No lo parece, pero el amanecer
convierte al aletargado aliento en penumbra
del caminante solo.

No lo parece, pero diminuta
cada piedra guarda arena en los ojos del cielo
de la desigual tierra.

No lo parece, pero las sombras son puertas.
Los barrotes cerraduras, las caricias llaves
que sujetan el pulso del pensamiento.

 

© Del libro, Poesía sola, pura premonición. Ellago Ediciones.
© de la fotografía, María Isabel Delgado, 2016.

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