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Así es. Uno espera un cambio en su vida y en realidad lo que cambia es la vida sin que le cambie a uno. Nunca pasé del primer amor, nunca llegué a conocer el verdadero amor, nunca me sentí valorado ni hermosamente comprendido. Y mi rencor me llevó adonde me llevó sin saberlo: a un egoísmo donde el baile resultó ser la mejor válvula de escape de una vida mediocre y solitaria como ahora lo era el boxeo.

Parecía que cada cierto tiempo huía de algo; de algo invisible pero real al mismo tiempo. No era un hombre con inquietudes públicas, con inquietudes políticas, me costaba comportarme y relacionarme en público y mi condición solitaria me reconvertía en un tímido extremista y peligroso que pasaba de la nada más vacía a la osadía más absoluta.

Y sin embargo, pasaban los años y caía en las mismas de siempre. Caía en las trampas que yo me urdía, en las que inconscientemente me preparaba, porque no sabía vivir de otra manera.

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(Del libro, Tangomán)

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