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Y sin embargo, no lo hacemos.
A menudo hacemos lo contrario,
lo que menos nos conviene.

Olvidamos la lección asumida,
inevitable
y dejamos de amar esas cosas
que están más cerca
de lo que creíamos
pero que por parecer lejanas
e inalcanzables
nos hacen tropezar de nuevo.

A un paso no se ve
como se ve el horizonte ilusorio.

No se ve lo que se tiene.
No se sabe lo que se puede perder
ni volver a encontrar
cuando a nadie le importa
ni importa a nadie.

A un paso del aprendizaje
más lejos del olvido
en medio del camino.

IMG_1972

Extracto del poema “La felicidad de no entender gran cosa”, en la página 165 del libro La felicidad de estar perdido.

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