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Salamanca al día, RTV, en Cosas de Montse, 18 de junioo de 2015, por Montse Villar.

Kepa Murua, vasco con innumerables publicaciones a sus espaldas en el campo de la poesía, el ensayo, la novela,… nos visitó en abril. De la presentación de Ven, Abrázame recupero mis palabras dichas en La Sala de la palabra.

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VEN, ABRÁZAME

Si yo tuviera que pedirle algo a la escritura
le pediría que no olvidara quién soy
y que me permitiera escribir lo que quisiera,
sin mirar lo que hacen los demás
o esperan de mí los pocos que me leen
—–
Te hablo con mi verdad por delante
pues solo cuando hablamos
ante el espejo más claro
se refleja el mundo
que parece que nos traiciona
y nos mira…

Y desde estos versos aparentemente metaliterarios recorremos este largo poema de Kepa Murua, dividido en dos partes: Antes de que llegues y Más que al principio, que se nos abre como la confesión a un tú femenino que es receptor de las palabras que borran el silencio. Imperativos, como “abrázame, sin más para que el cuerpo no huya cuando no tiene a su costado la palmada que se necesita para espantar el futuro a solas”, peticiones para evitar la soledad y confesiones que hablan de la palabra dicha al completo como salvadora; la palabra a medias: destructora; y los silencios como reflejo de ambas opciones. Silencios que firman un momento de pasión o que callan lo que más duele para poder seguir sin tomar decisiones definitivas.

Análisis de una situación de desamor en la que se confiesa cómo se quiere al otro, un amor que a veces puede confundirse con el amor a la palabra escrita. Palabras y tiempo que van marcando de arrugas la piel y que claman por la sinceridad, valentía (“nunca es tarde para empezar de nuevo / con todo el miedo por delante”) y descubrimiento.

Diálogo que continúa en la segunda parte en la que el amor se hace presente, incluso, de manera apasionada. Un amor que es necesario vivir, a pesar del dolor, la espera, la distancia. Amor y palabras que van estrechamente unidas: “el fuego de la poesía cuida la piel de las palabras / para meterse dentro del cuerpo”. Un amor que salva, perdona, resucita, refugia. Un amor que, a pesar de nuestros esfuerzos por liberarnos, está cargado de pasado, de remordimientos, pero que desea ser perdurable: “graba tú el dolor / y la pena en la arena/ para que se borre/ que yo grabaré el amor / y el deseo en la piedra/ para que perdure”.

Nostalgia, distancia, cercanía, tiempo, llegada, abrazo, beso, lágrima, sonrisa, amor, son definidos como elementos propios en su propio poema y como elementos que configuran las relaciones más íntimas entre seres humanos. La vida es un ir y venir entre estos elementos, es grito y silencios, es llanto y alegría, es amor y despedidas, es abrazo y llanto, pero sobre todo y por encima de todo, la vida es para vivirla y, en el caso de Kepa Murua, para escribirla y evitar el olvido, ese es el regalo.

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