Mediodía en Kensington park

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Fui a visitar a mis padres, y hablé con mi madre. Hablamos de sus cosas, de la muerte y de la vida; hablamos también de las mías, de la poesía y del amor. Y como llovía, le dije que me iba a dar un paseo, a ver el mar. Llovía, es verdad, llovía mucho, y las olas se alzaban fuertes e inmensas: las temerarias olas siempre a un paso cuando hay tormenta. Pero, sentado en un banco de una de las esquinas de los soportales del malecón, tras fijarme en el gris oscuro del mar y en el color blanco de las olas en medio del cielo más oscuro, pude leer Mediodía en Kensington park. Qué buen libro, íntimo e intenso. No sé si lo leerá mucha gente, pero fue una lectura inspiradora. Una de esas que me llevó a pensar en cada palabra que leía y a gozar con cada frase, con cada significado oculto que pudiera descubrir, mientras los dedos fríos pasaban sus páginas. Es un libro que parece que no dice gran cosa, pero que a mi juicio, dice mucho, y es un libro de luces y de mediodías al que le envuelve el silencio. Su autor, el poeta Javier Sánchez Menéndez.

Cuando cerré el libro, la lluvia seguía ahí, a un paso. Y sin embargo, parecía que no quisiera mojarme, pues nada más levantarme, no solo me dejó ir tranquilo, sino que, por lo que vi y pude escuchar, se fue a mojar el mar.

© Km, Zarautz, 25 de febrero de 2015.

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