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La espera aguarda
a que se perfile la duda.
El tiempo a que se dibujen
las flores imaginadas.
Esos abismos, en el estómago,
cuando la separación
devora a los dos
y el pensamiento
roe los huesos
y gasta a fuego lento
la nostalgia
y marca las palabras
en el adiós
como las señaladas
en el encuentro.
Son muchas flores
en un solo ramo.
Muchos pétalos
que piden agua.
Algunas espinas
que crecen en paz.
Hojas que vuelan
de un lugar a otro.
El mismo cuerpo
de la sombra que espera
a que la puerta se abra
con el abrazo deseado.
Segundo a segundo.
Minuto a minuto.
Momento a momento
y que parecía detenido:
tiempo que pasa volando
como un suspiro
que escribe poemas
breves pero dormidos
que despertarán
con un ramo
que se entregará
en mano:

20:33 h. Nostalgia

Dícese de la distancia
cuando el roce se aleja
y los huesos se estremecen
hasta el abrazo de nuevo.

20:39 h. Distancia

Dícese del círculo
que separa a las personas
cuando uno llega
y el otro espera.

20:40 h. Cercanía

Dícese del deseo
cuando uno sabe que llega
y el otro aguarda
a que desaparezca.

20:45 h. Tiempo

Dícese de lo que se confunde
con los latidos del corazón
cuando el amor retrasa
lo que se espera que suceda.

20:46 h. Llegada

Dícese de lo que no se queda
en el mismo sitio
sino que se fue
y viene al encuentro.

20:47 h. Abrazo

Dícese de los ojos
que se fijan en la mirada
mientras el cuerpo
une lo que se creía separado.

20:49 h. Beso

Dícese de las palabras
que quedan sin salir de la boca
cuando son pronunciadas
en silencio por la lengua.

20:50 h. Lágrima

Dícese de la entrega
cuando la felicidad
descubre la vida
entre los labios.

20:51 h. Sonrisa

Dícese del silencio
que cubre el tiempo
cuando se es feliz
sin decirse nada.

20:55 h. Amor

Dícese del nombre
que se pronuncia
en los labios
muy lentamente.

Del libro, Ven, abrázame.
© De la fotografía: ardiluzu, 2015

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