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Así como la creación
de una isla en medio del océano
es una de las aventuras
más sorprendentes de la naturaleza,
es mi amor que surge
en medio de la soledad más extrema
y la desilusión más recalcitrante
que destruye lo que construye el tiempo
y nunca se detiene.
Así como la batalla
de la arena con el sol
inunda los desiertos de lava
y la ceniza destruye las montañas
centímetro a centímetro,
crece mi amor bajo las olas
de las corrientes más frías
y las tempestades más explosivas.
Así como la lava se disuelve en ceniza
hasta que se apaga el fuego
hasta que se extingue
lo que se creía vida
y surge de nuevo en silencio
en medio de la roca fría y dura,
así es mi amor
que crece como el árbol de hielo
del que se alimentan
los pájaros trepadores
en un lugar donde no hay hierba
ni rastro de agua dulce.
Así las leyes y terrenos
fértiles del amor
que penetran en la oscuridad
y buscan en un mundo subterráneo
un tiempo que se detiene
para observar un túnel
oscuro y luminoso.
Así es el mío, que se alimenta
de la nada más enigmática,
como piedra volcánica
que perdura o ciego animal
que en la oscuridad absoluta
sabe dónde dirigirse.
Así es mi amor que escala
por las rocas del tiempo.
Así mi amor
que busca su alimento
en el túnel que nunca abandona
lo que empieza
hasta el último pliegue
el movimiento más leve,
la presencia inacabable,
la luz más dispersa
como en todos esos lugares
donde sobreviven las islas más solitarias
y los corazones más activos.
Así mi amor eterno
como roca solitaria
que protege del exterior
el profundo sentimiento
que se sumerge en lo más frío
para volar hasta lo más elevado
de los lugares más inaccesibles.
Así mi amor
que recoge lo perdido,
habita lo disperso,
crece contigo mientras afuera
todo está oscuro y nadie sabe
con certeza lo que le espera.
Así es mi amor
que convierte el frío en luz
y la disputa en calor
que cubre de arena
las huellas que el océano intenta borrar
tantas veces infranqueable.
Tantas veces impenetrable.
Así mi amor
en medio de la naturaleza
que desde la nada más absoluta
siente su milagro
y extiende su roce
centímetro a centímetro
bajo las corrientes
y sobre las tempestades.

 

© Del libro, Ven, abrázame.

 

 

 

 

 

 

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