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Un poeta debe ser un hombre libre y mantener su privacidad ante todo, como un elemento indispensable de su creación. Ha de ser independiente y crítico con la cultura oficial, así como con la política dominante y ha de basar su fuerza en un juicio honesto consigo mismo, pero que tenga en cuenta las necesidades de los demás. No ha de ser engreído y sí inconformista. No ha de ser hostil, pero sí auténtico en sus apreciaciones y ha de estar tocado por un fino sentido del humor donde el elemento de la broma sea uno mismo. Ha de aceptar sus miserias y derrotas tanto como los halagos y los posibles éxitos, y ha de aceptarse con humildad y alegría, no mostrándose ni artificial ni interesado. No puede faltar con sus actos a la dignidad que se merece ni al respeto que ha de tener por los demás. Ha de ser fresco si puede, original si sabe, creativo ante todo, inventivo, libre e, incluso, ha de mentirse a sí mismo para reconocer enseguida que se miente. Ha de saber vivir intensamente y de un modo austero, con pocas cosas que le conforten, de la misma manera que ha de sentir intensamente las relaciones con la gente, con los animales y la naturaleza. Ha de admirar el silencio, la bondad y la belleza, incluso en las cosas desagradables ha de comprender la armonía del mundo. Ha de saber hablar, pero antes ha de saber escuchar, tanto lo que se le dice como lo que se habla y lo que él mismo escucha dentro de sí mismo. Ha de saber escribir si lo necesita, expresarse si se lo piden, hablar con un sentido sencillo, profundo, muy sentido y muy libre. Dudar mucho hasta que aprenda a dudar lo justo y nunca desdecirse ni en el amor ni en la guerra ni en el trabajo ni en la fiesta. Descansar si se lo pide el cuerpo, dotar al cuerpo de un vértigo inconcluso que se define como alma. Sentir el alma de todos en las palabras de uno y dejar que vuelen las palabras como sombras libres que al final alcanzan su luz y su plenitud en la de todos. Yo soy uno con el universo y el universo es uno conmigo y la necesidad de existir es mi necesidad y la paz de encontrar un equilibrio es mi sino. El éxito está en intentarlo, me digo. En la magia de reconocerse en los otros. Por eso no pongo límites al conocimiento y soy osado con los sentimientos mientras vivo el presente que incluye un futuro mejor. Lo mejor está por venir, me digo. Soy mi cuerpo y mi cuerpo soy yo y la fuerza que tengo tiene su razón en mi determinación, pues he de ser humilde tanto como ambicioso si quiero prosperar y conocerme de otro modo. No tengo límites en lo que hago y ha llegado un momento en el que ya no pienso en ello. Y sin embargo, cada vez me siento mejor y, además, mejoro, porque domino ese proceso que he asumido como propio, aunque a veces se me olvide quién soy y no recuerde la importancia de lo que hago.

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