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Mimu vuelve a su cuadro. Ahora es un retrato. Pinceles, aceites, agua, trapos alrededor del caballete. Le hablo de Oskar Kokoschka, cuya pintura pocos valoraban en su época. Le digo que solo con el tiempo sus clientes se reconocían en aquel retrato extraño. Que el pintor veía la vejez que se avecinaba, la tristeza, el cansancio. Ella me dice que no diga tonterías, que conoce a Kokoschka, pero que el retrato es el dibujo de uno ante los otros. Deja el pincel y me pide por favor que salga de la sala. «A veces, en vez de ayudar y quedarte quieto, a veces, te comportas como un crío». La pintura, como el amor, no tiene misterios si sabes a quién amas, me dice.

–Le gustaban los cuadros, podía estar horas y horas hablando de pintura. Yo mismo podría mencionar los nombres de veinte pintores clásicos y otros diez del momento sin miedo a equivocarme. Si acudo a las galerías cuando visito una ciudad o a los museos es porque lo hacía con él. Nunca he querido forzar el gusto ni me he decantado por comprar cuadros o láminas de dibujos. Los pocos que tengo en casa son regalos, y los del despacho responden a eso que llamamos «decoración forzosa». Pero me gustan, y a él le gustaban, aunque no hubiera uno en casa.

–Los cuadros están bien en los museos. Las pinacotecas son el lugar apropiado para verlos –me decía.

–Cuando estés delante de un cuadro pintado, pregúntate qué es lo que dice, qué es lo que tiene, cómo se hizo.

–Pregúntate qué es lo que ves. Luego cierra los ojos, ábrelos después de un instante y comienza a ver de nuevo como si no te hubieras preguntado nada.

–Las respuestas vienen solas, se siente entonces todo, la presencia del color, la mano invisible del pintor, su humor en el día que lo pintó, los aciertos y los errores que tuvo.

–Incluso se podría decir que el cuadro te llama la atención porque fuiste allí para verlo –terminaba.

–Podía pasar horas y horas hablando de conceptos pictóricos, pero hacía todo lo contrario. Explicaba sin explicarse, contaba sin contarse, entendía sin entenderse.

 

Del libro, Un poco de paz

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