Etiquetas

,

images

 

 

 

 

 

 

 
He vuelto a escribir
por fin sin miedo
y he tomado una copa de vino
para celebrarlo
después de tanto tiempo.
¿Por qué he dejado que pasaran los años
si no tenía nada que demostrarme?
Y si no había un sentimiento de culpa
¿por qué no supe disfrutar de la vida
ofreciéndome a la escritura
con un brindis desnudo al sol
en un vaso donde se mezclan
los verdaderos sentimientos
y los auténticos sentidos?
Nunca los ocultos.
Jamás los envenenados.
¿Cuál es la densidad del cuerpo
en la claridad del momento?
¿Cuál la transparencia del tiempo
en un vestido que oculta el cuerpo?
¿Qué misterio ha sellado mi boca
en silencio, mis dedos
temblando ante la página en blanco
enroñados ante una botella de vino?
Absoluto es el cielo.
Duro el dios de nuestros padres
que nos educaron para ser buenos
pero no supieron enseñarnos
a disfrutar de la vida.
Ser bueno es dormir
con la conciencia tranquila.
Vivir la vida es dormir a pierna suelta.
¿Por qué entonces el hombre es diferente
cuando intenta ser igual a tantos otros?
¿Por qué siento que soy tan pequeño
cuando me tatúan su sombra
las lagartijas en mi pecho
y mil hormigas recorren mi espalda
llevando el peso de las palabras
a un segundo que parece una hora?
Escribe quieto, escribe despacio
y muévete como un gato
ante la luz de un coche.
Como una estrella
ante la del universo
porque no todos los caminos
tienen su propio reflejo
cuando se intenta ser feliz
y se acuesta derrotado.
Escribe como si no existiera la muerte
o la derrota, y mira de cara a la vida
que acaba de despertar en la quietud
de un día desconocido.
La meta debe ser la perfección,
pero que los demás no se den cuenta.
Escribe como si fueras a morir mañana
y pese a la falta de tiempo
escribe esa palabra
sintiendo el peso de su significado,
el poso de su sentido,
el sabor de una boca pronunciándola,
el tacto del cuerpo ante su evocación,
la caricia cercana de su abandono
–la distancia verdadera–
entre lo que dices y sientes,
entre lo que pronuncias y das,
entre lo que escribes y recibes,
el misterio que te hace ver
que eres duda o interrogación,
por momentos, alguien diferente.
Escribe desde la quietud itinerante.
Escribe distinto a tantos que corren deprisa
y sin saber adónde se dirigen.
Donde dos lagartijas miran al suelo
las hormigas trepan hasta el cielo.
Que el dolor cuando desaparece
el descanso es eterno.
Y el mundo, aun siendo igual,
¿lo ves?, parece otro.

 

Del libro, Escribir la distancia

 

Anuncios