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El correo, 20 de marzo de 2013, N. Artuondo.

El escritor Kepa Murua debuta en la novela con Un poco de paz, que reflexiona sobre aspectos «básicos de la vida» con la mirada puesta en el lector.

En el invierno de Vitoria caben sentimientos, hombres y mujeres, animales y colores, aforismos y repeticiones, sexo y literatura, reflexiones y diálogos coloquialmente cotidianos. Y todo ello forma parte de Un poco de paz (El Desvelo Ediciones), la novela con la que el poeta y ensayista Kepa Murua debuta como narrador.

Murua asegura que su ‘alter ego’ editor no ha estado presente en el proceso. «Al que he tenido presente es al lector. La novela se publica cuando tengo 50 años pero empiezo a escribirla a raíz de las noticias de la crisis y no quiero hacer un texto demasiado ensayístico ni poético. Es verdad que en mis libros anteriores de ensayo, poesía o arte no pienso mucho en el lector, en general, sino que me muevo más por la creación. Pero ya que, a través de mis memorias también, se había abierto una puerta hacia la narrativa, quería darle al lector una novela bien escrita, que reflexionara sobre elementos básicos de la vida y que resultara entretenida, incluso divertida».

Tampoco ha sido ajeno el autor a la metaliteratura, que aparece tanto a través de un poeta ya fallecido como de los fragmentos que elabora un escritor o por medio de un misterioso cuaderno. «Hablo del oficio de la vida y del oficio de la creación, porque hay un poeta que ya no está pero enseña a hablar y a escribir a un joven que tiene dificultades. Se habla también del poder de la palabra y del silencio. Hay además temas como el autismo, superado, o como la belleza, la comunicación o la búsqueda de la felicidad. Hay una especie de juego con el oficio, pero de una manera simple, muy simple, quizá mágica, porque los diálogos son muy musicales», valora el escritor.

Murua ha planteado en estas páginas un recorrido vital, con protagonismo de los sentimientos. Y de la soledad, común al género humano como tal y al gremio de la literatura. «Hay diferentes realidades que se van mezclando. Esta novela parte de por qué finalmente nos quedamos solos o por qué nos cuesta tanto ser felices. Creo que trasladé estas preguntas a David, el protagonista, ante quien van confluyendo otros secundarios que adquieren mucha importancia, como Ton o el padre, el David poeta. Hago hincapié en la coincidencia del nombre, quizá porque en mi propia biografía arrastro esa historia», reflexiona.

Aunque Murua pone distancia entre el libro y su propia vida o su carácter de poeta, reconoce que hay una coincidencia de edad con el protagonista o que «se pregunta sobre la utilidad de la vida, su pasado, el amor. Pero yo la empecé como algo balsámico, para olvidarme de la crisis, y luego los personajes cogieron su propio vuelo».

Mujeres con más carácter

Incluso los animales, pájaros o gatos que hablan a su manera, «o el invierno de Gasteiz, que es un protagonista esencial. A todos nos influye en los estados de ánimo, como los paisajes de esta novela lo hacen en los de los protagonistas». En cualquier caso, el escritor describe a su propia generación, compuesta por quienes encontraron espacio en el amor, los que se perdieron en las drogas «y alguno más fue capaz de empuñar una pistola en nombre de no sé qué bandera ridícula».

Otra característica del libro son las voces femeninas, «más firmes, más taxativas y con mucho más carácter que las masculinas. Es un reflejo de la vida real». O el autobús urbano número 18, «que no existe, pero sí el recorrido» que cualquier lector vitoriano puede visualizar y que Murua usó como laboratorio de lenguaje «para escuchar cómo hablaban las personas. Iba empapándome en muchos diálogos. Y hay un retrato de una ciudad de provincias, pero el localismo de Vitoria aparece perfectamente definido en los nombres. Es un homenaje a su invierno, al frío. Vitoria no tiene un protagonista único, sino que lo es la ciudadanía anónima, callada, silente. Incluso para la política», concluye Murua.

El aforismo aparece con «sentencias muy sencillas pero de calado filosófico, que se te quedan en la mente. Fue un trabajo bastante arduo, porque no quería que hablara Kepa Murua el poeta. Ni en los textos que se intercalan. Estás tentado de meter la mano, pero son textos de los personajes», recalca el escritor al rememorar su propio ejercicio de contención.

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