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Territorios, El Correo, 16 de febrero de 2013, Elena Sierra.

Kepa Murua. Escritor. Acaba de publicar “Los pasos inciertos”, unas memorias en las que habla de Literatura, de su trabajo de editor (ha cerrado Bassarai) y de los sentimientos.

El pasado fue un buen año para el poeta Kepa Murua, pese a que prácticamente acababa de cerrar la editorial a la que había dado vida durante quince, Bassarai. Al final el poeta ha dejado de luchar contra el editor y eso le ha permitido dedicarse a promocionar su obra no solo a este lado del charco. Su último destino fue Colombia, donde estuvo casi un mes a finales de año porque, como descubrió cuando fue invitado al Festival de Medellín, «tenía un público que me seguía en Latinoamérica (he tenido también una experiencia argentina) y me di cuenta de que era una oportunidad para abrirme camino. Me valoran más allí que en mi propia tierra. Y eso es una sorpresa muy agradable. Además, me ha servido para aprender mucho y no solo sobre Literatura», explica Kepa Murua, que habla de su experiencia como editor a raíz de la publicación de sus memorias ‘Los pasos inciertos’ (Milrazones). «Esa incertidumbre del título es la que acompaña siempre al creador».

También ha publicado un poemario, “Escribir la distancia”(Luces de Gálibo), donde asegura que hacerlo así es algo inevitable. Son 71 poemas de diálogo «ante un tiempo que no tiene principio ni fin».
–Siempre sin red, este es un trabajo creativo e inestable, pero con osadía, experiencia y lucidez creo que se puede hacer bien. Ha sido un año muy bueno en todo eso. Al cerrar Bassarai me he podido centrar en cosas personales, dedicar tiempo a mis cosas, me he sentido liberado y he podido hacer lo que me apetecía.

–Cuándo escribía sus diarios, ¿pensaba en publicarlos?
–Primero se cierra la editorial. Llevaba trabajando el diario mucho tiempo y antes de irme a Medellín, por mayo de 2012, hablé con un editor, se lo comenté, me pidió un parte… Se sorprendió de la mezcla entre lo profesional y lo personal, de las opiniones contundentes sobre el mundo del libro, me pidió el resto y dijo que quería publicarlo. Muy bien, eso siempre es buena noticia.

–Ha sido muy rápido, en unos meses.
–Sí, pensaba que ocurriría en tres o cuatro años. Tenía entre manos un poemario, una primera novela… Y cambié de planes. Que un editor le dé tanta importancia es sorprendente; según él, era la primera vez que leía unas memorias tan crudas sobre este mundo. La gente guarda mucho la ropa, me dijo. Y generalmente se edulcoran las memorias con el paso de los años.

–¿Ha hecho correcciones sobre lo que pensaba en 1996?
–No quise meterles la mano, sabía que si lo hacía les cambiaría el ritmo, el estilo, y que las suavizaría. Tuve unos días de duda pero prevaleció la desnudez que había en el diario.

Exposición pública

–En el texto incide en lo complicado que es el mundo de la Literatura tanto por los tiempos y el dinero, como por los egos y las paranoias. ¿Publicarlo no es exponerse mucho?
–Seguramente sí. La gente me ha comentado la valentía del libro. Pero yo he sido una persona que siempre me he expuesto. Cuando era editor, daba una imagen más serena, pero expuesto siempre. Lo que hecho como poeta y la misma creación de una editorial como Bassarai es de una exposición radical. Ahora todo el mundo ve con tranquilidad la publicación de literatura vasca en castellano, pero cuando empecé en 1996 era muy arriesgado.

–Ha estado y se ha sentido muy solo, esa es la sensación que da.
–Sí. La poesía y la creación, como yo las entiendo, son de una soledad extrema. Por otro lado he tenido la suerte de conocer a más personas con la editorial. Pero lo que yo tenía en la cabeza era muy distinto, muy personal. Ahora veo las memorias y veo que no encontré ninguna complicidad por parte de los autores y los medios.

–Hay una crítica a los medios, a su escasa respuesta.
–O respuestas raras, casi de trueque. Había críticos que te decían que podían mencionar un libro si tú les publicabas. Esa soledad es bestial, crucial, porque luego ves que los resultados económicos no te dan.

–De eso se habla también aquí, sin tapujos. De cómo cubrir las facturas.
–Generalmente no se cuenta en el mundo del libro, se habla de modo muy ambiguo. Los créditos, por ejemplo. Los ingresos y los gastos, la facturación. Y creo que uno de los aciertos de estas memorias, más en el segundo tomo, es que voy analizando la economía de la empresa.

El mundo editorial

–¿Cómo pensaba que era ese mundo antes de abrir Bassarai?
–Desde luego no pensaba que fuera así. Creía que era culturalmente más amable. La idea era dar voz a una generación de escritores vascos que yo sabía que existía y que tenía problemas para acceder a las infraestructuras de Madrid y Barcelona y que aquí no tenía sitio porque escribía en castellano. Tenía también que ver con el mundo alternativo, digamos. Cuando yo creé Bassarai no existía nada de lo que hay ahora. Quería crear un espacio totalmente independiente. Claro que con el tiempo te vas dando cuenta de que con eso no llegas y de que tienes que tocar otros espacios, como la literatura internacional. Ese es otro gran trabajo del editor, revisar los catálogos extranjeros. Y para mí era muy importante dar a conocer aquí a grandes autores no solo en poesía, sino por sus debates, discursos, conferencias…

–«Escribo porque estoy solo, estoy solo porque es- cribo». ¿También puede referirse a la edición? ¿Por qué editar entonces y durante quince años?
–”Los pasos inciertos” abarca solo los primeros años, cuando apenas tengo dinero y aparecen varias crisis económicas. Pero luego se ve cómo voy evolucionando, y voy conociendo el percal del mundo editorial. Estar solo, y en la periferia, me daba una independencia y una libertad y una osadía que los de- más no tenían.

– En las memorias habla mucho del oficio de poeta y tiene muy claro que hay muy poca gente al otro lado. «La sociedad es inculta», dice.
–Lo pienso, sigo pensándolo. La española y la vasca. Y sigo pensando que es mucho más fácil vender un mal libro que un buen libro. Son opiniones contundentes pero que sé que comparte conmigo mucha gente, aunque no lo digan públicamente. Lo más sorprendente del dietario es que al ser muy personal esa contundencia sobresale, llama la atención. Porque se está escribiendo desde la soledad. Son entradas a pelo, sin correcciones, escritas en un momento porque te ha pasado algo. Seguro que en las memorias posteriores se ha dulcificado…

–¿Porque era otro momento o porque ha corregido el texto?
–Porque había crecido. Pero en esa primera época… Estoy convencido de que referencias a autores que aparecen aquí, hoy mismo no las hubiera escrito. He mantenido la pureza del texto, pero ahora no se corresponde con lo que siento.

–Trabajo curioso el de reencontrarse con ese otro yo.
–Un Kepa Murua de 35 años, de 40. Pero sigo siendo yo. Sigo siendo él. Cada entrada me da una punzada, ver lo que pasaba y lo que sufría en las relaciones personales, los sentimientos, aunque no aparecen muchos.

–Hay un momento en el que escribe «Ya no creo en el amor».
–Mira qué cosas. Qué duro. Pero es que el mundo personal se va metiendo.

–Usted habla de la mirada de niño como lo que le sirve para escribir poesía.
–Es lo que te salva. La poesía se escribe desde la conciencia, desde el anonimato, desde la periferia, desde una mirada diferente. Y la de niño es fundamental. A mí me salva no querer perder esa frescura, porque creo que soy una persona demasiado lúcida y esa mirada me evade de mirar el abismo. El poeta tiene esa dualidad, una mirada diferente y una mirada profunda. Si no sabes controlar esa consciencia, te puedes hacer daño.

Fin del ciclo

–¿Que editen otros?
–Ah, la pregunta. Yo he cerrado un ciclo. El tipo de literatura que yo defendía, el tipo de trabajo, no es una realidad editorial hoy en día. Y para mí sería muy difícil participar en un proyecto que no me diera la libertad de editar lo que yo considero. Y visto lo visto, a raíz de la publicación de estas memorias, dudo mucho que pueda volver a la edición, que alguien confíe en mí para llevarlo a la práctica.

–Hay más tomos de las memorias. ¿Para cuándo?
–Tal y como está el mundo editorial, no se puede saber. Me imagino que al editor le interesa pero el sector está pasando por una incertidumbre que nadie sabe por dónde va. Bueno, algunos podemos intuirlo.

–¿Por dónde?
–Está en transformación, ya hace más de una década que se notaba. Pero por falta de usos, de conocimientos, y sobre todo de una visión moderna, se aferra a lo más tradicional y así nos va. Parece que ha cambiado mucho pero no ha cambiado nada, se re- piten los nombres de hace veinte años, los mismos juegos y literaturas, los premios, los mismos jurados, todo suena muy viejo y caduco. No es la crisis. El mal del sector está en el concepto que tienen los profesionales, que no ven dónde puede ir este mundo. Hay gente que no quiere perder el poder, el espacio.

–Lo curioso es que parece que cambiando el soporte ya está modernizado.
–No han cambiado contenidos. Todo es tradicional, tanto en los medios como en los libros, sin interés editorial, el sistema está totalmente agotado. Para eso es mejor intentar ser un creador independiente e intentar renovarlo desde tu punto de vista y con tu propio trabajo.

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