No se debiera temer a la irrupción de los más jóvenes en el mundo de las letras. No creo que este mundo cultural sea un coto cerrado sin más y tampoco pienso que se deba defender con razones de supervivencia, esas que afirman que se debe potenciar solo lo de uno para que otro no le sustituya; lo que se ha dado en llamar “la sociología literaria” y donde se podría incluir el mundo de la edición y de la crítica. Si dentro de diez o veinte años siguiera en este mundo, por ejemplo, me gustará conocer a los más jóvenes, a los nuevos escritores o editores, estoy seguro de ello. No solo podría aprender algunas cosas de todos ellos, juntos o por separado, sino que podríamos rejuvenecer con su compañía y puntos de vista.

Del libro, 1996/2004. Los pasos inciertos (Memorias de un poeta metido a editor)

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