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(Algunas reflexiones más sobre Los pasos inciertos)

Ahora mismo, estoy convencido de que ya no veo este oficio como antes y que mis opiniones no son tan radicales como antaño. Es más, ahora mismo podría entender y justificar muchas posturas que criticaba antes. ¿Quiere decir esto que reniego de lo que fui y dije? No, solo quiere decir que mis opiniones hay que situarlas en un contexto del que no puedo abstraerme porque así como he cambiado sé que en el fondo sigo siendo el mismo. Solo que ahora me dejo arrastrar por los acontecimientos que me superan y dejo que la vida fluya sin más en medio de lo que escribo: reflexiono, hablo, respiro y comunico. Ahora mismo podría reconocer que fui demasiado radical y cañero cuando podría pensar, además, que era de los pocos que tenía razón. Y me equivoqué de lleno, aunque al menos, con lo que dije y escribí –por ejemplo, en estas memorias de poeta metido a editor–, con lo que hablé y callé al mismo tiempo, con mi trabajo, con los aciertos y errores en el oficio, tuve también mi razón de ser, aunque muchos no lo acepten y con razón puedan pensar que el equivocado era yo. Yo también lo creo cuando leo y pienso que pude faltar al respeto a algunos escritores y a un puñado de editores. Y sin embargo, no cambio ninguna coma de lo que escribí, pues este es un trabajo literario sin más –como otro cualquiera–, aunque muchos no lo comprenderán y me llevará, lo más seguro, a la soledad más extrema, a la enemistad de los pocos que aún me respetan, al desprecio eterno de los que salen malparados, así como al vacío de aquellos que no salen como les gustaría.

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