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Culturamas, 9 de diciembre 2012. Benito Garrido González.

“Porque escribir es seguir una distancia que pocos comprenden con el ruido de las cosas que se dicen o el maltrecho significado de las que se pronuncian.”

La poesía de Murua está levantada sobre una figurada sencillez que, evitando estridencias y barroquismos, esconde una voz firme, evocadora, categórica. Una poesía profunda que para hablar de sentimientos, silencios, vivencias, amores o recuerdos, busca de la palabra precisa y del verso bien medido. En Escribir la distancia, Murua, impacta y emociona, pregunta y propone, incita y relaja. El autor compone una serie de poemas que consiguen quedar retenidos en nuestra memoria como todo aquello que, en el fondo, provoca inquietud, desazón o duda. Y al dejarnos llevar por sus palabras, nos hace comulgar con los interrogantes, temores y sinsabores que le atenazan.

Dice el autor sobre este poemario: “Es un libro en el que las reflexiones sobre la escritura se mezclan con las reflexiones sobre la vida. Se podría pensar que esa distancia del título es la que sitúa a las personas entre el amor y el deseo, entre los lugares de los sentimientos compartidos, pero, a medida que se avanza en el libro, es evidente que se profundiza en el espacio que media entre el escritor y el hombre, a la magia de la página en blanco y la escritura, a la necesidad del silencio y la palabra, a la manera de mirar y escribir diferente. Son poemas más extensos, textos cautivos, sinuosos, lineales, meandros de un río largo, donde aparecen diferentes voces que profundizan en la escritura de la vida. Se trata de escribir de la distancia que va hasta el amor, hasta el mismo silencio, incluso hasta el pasado y medir con exactitud, con palabras, el tiempo que nos va retratando con nuestros cambios, de la misma manera que se va describiendo el paisaje que nos rodea. Debería decir, el paisaje de la existencia. Lo escribí sentado en un banco que daba al mar, la mayor parte en verano. Y las voces de ese poemario pertenecen a distintos encuentros compartidos por el poeta cuando pensaba en sueños inacabados. Y las mujeres de esas páginas responden al lado más salvaje de la vida cuando nos preguntábamos sobre el amor y se desconoce su verdad, lo que acontece entre las personas y que el poeta descubre entre sus manos. En realidad, la vida podría ser así: descubrirse mientras hallamos los sentimientos, descubrir nuestros sentidos mientras nos descubren, quedarnos en silencio para sentir lo que ha pasado”.

Quizá sea así el amor.
Un oscuro licor
que nos atraviesa el cuerpo
desde la garganta
hasta los pies.
un aguardiente inesperado
que nos deja sin voz
en la mitad de la frente.
Un veneno necesario
que desde el placer de los sentidos
nos lleva al silencio
dejándonos temblando y sin habla.

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