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Mundopalabras, 27 de noviembre de 2012. J. L.

Escribir la distancia (Luces de Gálibo, 2012)es el último poemario publicado por Kepa Murua en el que las reflexiones sobre la escritura se mezclan con las reflexiones sobre la vida. “Se podría pensar que esa distancia del título es la que sitúa a las personas entre el amor y el deseo, entre los lugares de los sentimientos compartidos, pero, a medida que se avanza en el libro, es evidente que se profundiza en el espacio que media entre el escritor y el hombre, a la magia de la página en blanco y la escritura, a la necesidad del silencio y la palabra, a la manera de mirar y escribir diferente”, escribe el poeta.

En esta sorpresa que es Escribir la distancia se observan más cosas. Ante todo que es un libro diferente, donde se nota la fuerza expresiva de Murua que ahora recurre a poemas más extensos. Como nos dice su autor: “Se trata de escribir de la distancia que va hasta el amor, hasta el mismo silencio, incluso hasta el pasado y medir con exactitud, con palabras, el tiempo que nos va retratando con nuestros cambios, de la misma manera que se va describiendo el paisaje que nos rodea”.

En este paisaje de la existencia que contiene este libro móvil y amplio hay varias perlas que resumen el pensamiento vital y poético del autor: “La escritura no puede esperar a que llegues tú y lo entiendas finalmente todo”, o también: “Por eso escribo como si me fuera a morir por dentro”, versos que suenan como aforismos plenos y que nos remiten a una escritura a corazón abierto y que atrapan al lector desde la primera hasta la última página.

Entre medio, poemas variados y melodías ricas en la que se alternan tonos muy diferentes que van produciendo en el lector un vaivén de emociones de todo tipo. Sorprende además el uso de voces de interlocutores, un recurso utilizado a menudo por Murua, con los que el poeta dialoga sin más en el poema, especialmente con las mujeres, con lo que el libro adquiere así una gran profundidad.

El paisaje del libro, con el mar al fondo y las imágenes poéticas (ventanas, habitaciones, niebla, agua…) crean un espacio literario muy variado donde se participa con la mente, con el cuerpo, con todo lo que contiene el pulso de la escritura y de la palabra. Y sin embargo, guiado por la sabia mano de Murua, el lector es el verdadero protagonista de la infancia, de la juventud, del amor en medio de las numerosas identidades del individuo que sobrevive en un mundo de relaciones complejas donde la alegría, la tristeza, la duda y la esperanza se dan la mano.

“Se trata de lo que se ofrece sin más límite que lo que se tiene. Si aún nos estremecemos, es que estamos vivos. Si aún nos visita el deseo, es que podemos ser bellos y poetas, y mujer y hombre; seres que se encuentran ante el espejo de la vida mejor que antes”, nos dice Murua, un escritor que dejó de ser de culto para llegar a numerosos lectores que le siguen desde hace tiempo y que se verán sorprendidos y recompensados una vez más con este nuevo libro, extenso, de 232 páginas, que contiene 71 poemas, como el libro de Emily Dickinson.

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