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Deia, 26 de Noviembre de 2012. Carlos González.

En su horizonte más cercano está hacer las maletas para dejar su casa en Gasteiz a lo largo de diciembre para viajar a Latinoamérica. Le reclaman para congresos, recitales, talleres, conferencias… Y a medio plazo, a lo largo de 2013, aparece la publicación de lo que será su primera novela, Un poco de paz. La agenda del creador de Zarautz, que este año ha cumplido los 50, está al completo. De hecho, en las últimas semanas, las presentaciones públicas y los encuentros con los medios de comunicación se han multiplicado. Dos son las razones. Por un lado, su nuevo poemario, Escribir la distancia (Luces de Gálibo). Por otro, 1996-2004 Los pasos inciertos. Memorias de un poeta metido a editor (Milrazones). Es palabra de Kepa Murua.

El encuentro de ambos títulos con los lectores ha sido casi simultáneo, algo que no es muy recomendable para algunos, aunque quién sabe, en estos tiempos, cuál es la mejor forma de acertar. Por ahora, parece que uno no pisa a otro. Al contrario. “En realidad puede parecer que tienen poco en común, más allá de la autoría; pero, al fin y al cabo, en ambos hablo del oficio de vivir”, explica el escritor vasco.

El proceso de producción de los dos títulos ha sido, aunque ahora coincida en el tiempo su publicación, bien diferente. De hecho, Los pasos inciertos, el último en ver la luz, es un diario profesional y vital que se fue construyendo poco a poco durante los años en los que Murua fue también editor a través de Bassarai.

“Puede que siempre parezca alguien precavido, pero aquí me desnudo”, afirma el escritor a la hora de adentrarse en esta mirada atrás para poder ver el mañana. Y no es solo el mundo de las letras el que centra su atención, sino también los acontecimientos vividos durante una época determinada más allá de la literatura. “He sentido una punzada en el corazón al releer algunas de las cosas que plasmé en su momento”, admite Murua, que no rechaza sino que reivindica la inmediatez y contundencia de muchas de las entradas que van componiendo el texto.

Sin menospreciar polémicas (creativas, editoriales, culturales, pero también vitales, políticas…) ni desahogos, el autor entiende que para cualquier lector esta apuesta puede presentarse como una “novela falsa”, que “no está pensada, ni mucho menos, para profesionales del sector o algo por el estilo; es un documento vivo sobre una época concreta” en el que hay una protagonista a la que muchos echan de menos, una editorial como Bassarai cuyo recuerdo sigue muy presente en los libros que dejó.

Eso sí, unas semanas antes de que estas memorias saliesen al mercado, el turno fue para Escribir la distancia, un extenso poemario nacido al borde del mar, una creación de corte filosófico pero que se muestra cercana al lector. “Necesitaba muchos tipos de escritura”, dice el autor, al tiempo que añade que entre sus últimos poemas se encuentran “distintas distancias del poeta ante la poesía, ante la vida, ante el amor…”.

Con una “mirada tierna”, el poeta reclama en estas páginas que la vida podría “descubrirse mientras hallamos los sentimientos, descubrir nuestros sentidos mientras nos descubren, quedarnos en silencio para sentir lo que ha pasado”.

Con Escribir la distancia, el poeta deja atrás El gato negro del amor y Poesía sola, pura premonición, sus dos últimas referencias en un campo que tanto domina.

Poemario y memorias serán parte también del equipaje con el que volver a Latinoamérica en unos días. “Yo no soy nadie importante y, sin embargo, la presencia en las redes sociales está haciendo que tenga una gran visibilidad, igual que estos dos últimos libros. Los medios de comunicación han dejado de preocuparse, pero las nuevas tecnologías nos ofrecen un contacto y una repercusión que me sorprende en países como Colombia y Argentina, a donde ahora acudo”.

Eso sí, esa relación con el otro lado del Atlántico no es nueva. Tampoco lo era con Bassarai. Sin olvidar lo que sucede aquí. Kepa Murua sigue. La palabra no sabe detenerse. Él tampoco. Ni quiere.

 

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