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El Diario Montañés, 17 de noviembre de 2012. Javier Menéndez Llamazares.

Kepa Murua rememora en “Los pasos inciertos, 1996-2004” su andadura  como poeta y editor de Bassarai.                                         

Cuando la idea de la editorial Bassarai pasa de rondar por su cabeza a plasmarse en un proyecto real, la vida de Kepa Murua ha dado ya un vuelco trascendental. Finaliza 1995 y el poeta tiene entonces treinta y tres años; como si fuera un dadaísta haciendo tabla rasa, acaba de romper con su vida convencional y regresa de una prolongada estancia en Berlín, con la intención de trocar su apacible carrera funcionarial, al cuidado de la cultura oficialista, por una aventura literaria y empresarial que va a arrancar entre la incomprensión y la indiferencia, y sólo su esfuerzo personal logrará sacar adelante, aunque no sin costes, y altos.

Memoria escrita

¿Qué pasa por la cabeza de un joven que decide fundar una editorial? ¿Y por la de un poeta al que se le resiste el éxito? No es sencillo conocerlo, por eso este libro resulta especialmente atractivo: recoge, en bruto y en el acto, lo que va sintiendo Murua en cada momento, a lo largo de casi una década. Con la paciencia de un redactor de actas, el poeta fue anotando minuciosamente cada anécdota, cada sensación, cada opinión, cada estado de ánimo de su frenética actividad, hasta conformar un documento jugosísimo, en el que se aúnan la visión como editor, las aspiraciones del poeta, las pequeñas frustraciones o logros y hasta algunas concesiones personales.

Concebida como una colección de seis volúmenes, la editorial Milrazones ha publicado la primera parte de estas ‘Memorias de un poeta metido a editor’. Esta primera entrega abarca desde 1996 a 2004, y contiene, literalmente, un diario, el que llevaba Murua, sin enmiendas ni añadidos.

Bassarai

El nombre de esta editorial siempre ha resultado un pequeño misterio para los profanos. Algunos, incluso, supusimos erróneamente que era euskera; nada que ver, desde luego: las ‘basarides’ fueron las »bacantes tracias que dieron muerte a Orfeo», nos desvelan las primeras páginas de libro.

Bassarai fue también la apuesta personal de Murua, que decidió reinventarse publicando libros en castellano, estableciéndose en Vitoria. Este hecho, aparentemente trivial, fue interpretado desde el mundo ‘euskaldún’ como una imperdonable disidencia, lo que supuso una serie de trastornos propios de un momento histórico en el que la ‘normalidad’ se acercaba peligrosamente al absurdo.

Momento inoportuno

Paralelamente, los medios de comunicación, la crítica e incluso los lectores no se lo pusieron fácil a Bassarai: durante años, conseguir la más mínima mención suponía una lucha titánica, y la editorial fue dándose a conocer paso a paso, asistiendo a ferias de libros y prácticamente de lector a lector. Tuvo también que sobrevivir a varios desastres económicos –la quiebra de distribuidores supuso un cataclismo casi insalvable–, pero con gran esfuerzo fue ganándose un espacio en las librerías de fondo, en una época en la que la ‘independencia’ no estaba aún de moda, con un mercado del libro sumido en la vorágine centrípeta de las absorciones de grandes grupos.

El poeta

Sin apenas tiempo, el escritor siempre encuentra algún resquicio para la creación. Así, Murua irá perfeccionando una voz singular, sin caer en la autocompasión que tanto consuela a los damnificados por el desprecio a la periferia. Con una intensa actividad como articulista, incursiones en el periodismo cultural, como letrista musical o regentando ‘Luke’, la pionera de las revistas digitales, el prestigio del creador se irá asentando, en paralelo a la estabilización de la editorial, que pronto dejará de ser un ‘negocio ruinoso’.

Polémica

Precisamente por su carácter testimonial, el autor se ha negado a mutilar el diario, y ni siquiera ha querido atemperar algunas opiniones que, a buen seguro, resultarán controvertidas, pues Murua no se priva de opinar, y con contundencia, sobre todo lo que sucede a su alrededor: desde la violencia en el País Vasco hasta la calidad literaria de muchos escritores, poco escapa a su afilado lapicero, lo que supone una visión hasta ahora inédita de un autor a quien precede su fama casi beatífica. En esta obra, sin desmentir del todo su reputación de buen chico, se nos muestra sin retoques una personalidad compleja, volcada en el trabajo y no exenta de ambición; un desnudo integral que nada tiene que ver con las complacientes autobiografías que suelen dedicarse editores y literatos.

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