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Sospecho que las reflexiones sobre la escritura se han colado en Escribir la distancia. Se podría pensar que esa distancia era la que situaba a las personas entre el amor y el deseo, entre los lugares de los sentimientos dispares y compartidos, pero, a medida que avanzo en el libro, sé que se circunscribe al mundo del escritor y el hombre, al de la página en blanco y la escritura, al del silencio y la palabra, a la manera de mirar y escribir diferente.

¿Qué se puede hacer cuando se siente ese dilema separado de uno y el tiempo define lo que poco a poco se iba comprendiendo? ¿Esperar un poco más? ¿Tensar la cuerda? ¿Insistir? No, esta vez la respuesta no la trae el tiempo, sino la distancia que existe entre lo que exige el oficio y lo que pide la creación. La respuesta en calma, en la quietud, en ese lugar que pondrá cada cosa en su sitio.

Son poemas más extensos, textos cautivos, sinuosos, lineales, meandros de un río largo, donde aparecen diferentes voces que profundizan en la escritura de la vida. Se trata de escribir de la distancia que va hasta el amor, hasta el mismo silencio, incluso hasta el pasado y medir con exactitud, con palabras, el tiempo que nos va retratando con nuestros cambios, de la misma manera que se va describiendo el paisaje que nos rodea. Debería decir, el paisaje de la existencia. Lo escribí sentado en un banco que daba al mar, la mayor parte en verano. Y las voces de este poemario pertenecen a distintos encuentros compartidos por el poeta cuando pensaba en sueños inacabados. Y las mujeres de estas páginas responden a la vida cuando se pregunta sobre el amor y se desconoce su verdad. En realidad, la vida podría ser así: descubrirse mientras hallamos los sentimientos, descubrir nuestros sentidos mientras nos descubren, quedarnos en silencio para sentir lo que ha pasado.

Se trata de sentir, pese a los años, la magia de la vida en esos lugares que contienen los matices más desapercibidos del cuerpo ante la atenta mirada de quien te observa sin poder poseerte. Se trata de escribir la distancia sin perder la dignidad en ese juego que contiene lo que se disfruta. Se trata de lo que se ofrece sin más límite que lo que se tiene. Si aún nos estremecemos es que estamos vivos. Si aún nos visita el deseo es que podemos ser bellos y poetas, y mujer y hombre; seres que se encuentran ante el espejo de la vida mejor que antes”.

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