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El espejo de la poesía eres siempre tú. A veces no sabemos dónde mirar. Vemos cosas que sospechamos que son, pero no queremos reconocernos si lo que nos acontece también nos daña. A un metro del dolor decimos que somos felices, no pretendemos contagiar a la vida de una posible tristeza que es su propio remordimiento. A un paso de la alegría huimos porque tememos reconocernos eternamente perdidos. Parece que debemos volver el rostro. Caminamos por la misma senda que los que lo hacen mirando al suelo cuando nos miran. En poesía la traición siempre es otro si el poeta siente que no hay nadie a su lado. Sombras que nos apartan de la vida, silencios que nos remiten a la medida del tiempo, instantes que convierten en ofrenda lo que nada es lo que aparenta. Tú mirándome de frente y de lado como la palabra que se desvive en su frágil evidencia. Aunque desprestigia a quien lo intenta, siempre uno ante el espejo.

 

Del libro, La poesía si es que existe

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