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Organizar un festival de poesía, no sé si es fácil o difícil, pero la verdad es que te quita mucho tiempo. Y sin embargo, en un tiempo en que el mundo está cambiando, la crisis azota a todos por igual, por fin tenemos una buena noticia y podemos decir que el País Vasco vive un nuevo tiempo. Un tiempo sencillo para algunos, complicado para otros, pero donde la palabra es necesaria para entendernos y para poder disfrutar de la vida y de nuestro trabajo, sin interferencias que nos confundan más allá de lo que pensamos y pretendemos.

La palabra sirve para reflexionar sobre lo que nos sucede en un presente –a menudo confuso– y nos ayuda a la hora de mirar al futuro, con esperanza, por ejemplo, y sin que podamos olvidar el pasado que nos muestra cómo hemos sido. La palabra descubre los sentimientos, incluso los temores o los miedos que aún acechan, de la misma manera que nos ayuda a crecer en una nueva sensibilidad y a vernos tal como nos ven los demás, con una mirada diferente que puede y debe observar, también, al mundo.

Siento que estamos ante un festival donde manda la palabra y donde el silencio queda en manos de los lectores y los espectadores interesados en la poesía. Siento que tenemos un festival donde la poesía suena con una orientación moderna, con un estilo que responde a la realidad más actual y que, a su vez, se completa con diferentes registros y voces que desde su lugar de origen nos acerca cada poeta.

Se suele decir que cada poeta es un mundo, yo me atrevería a decir algo más: cada lugar tiene su poeta, cada paisaje su canción, cada tiempo su reflexión, cada silencio su atención, cada frase su sorpresa, cada acento su magia, cada pensamiento su misterio. Un misterio que es parte del mundo que nos habita mientras respiramos con los sentidos y hablamos y pensamos con la palabra.

Y como de los sentidos, de la música, de la vida y del gusto por la palabra entiende el público, cuando uno organiza un festival de poesía, así como debe contar con su gusto, debe atender, ante todo, a las posibles exigencias de la audiencia, de los lectores, de los espectadores, que suman –junto a los artistas y los poetas– la realidad más dinámica de este mundo.

Me hubiera gustado invitar a más poetas, pero el limitado aforo y otras cuestiones relacionadas con la programación nos han condicionado un poco. Pero el espacio de la poesía es rico e inmenso y ya habrá nuevas oportunidades y más encuentros donde participemos todos: poetas y lectores, artistas y público.

Ahora queda la palabra y en silencio, cualquier gesto que se acerque a ella con uno u otro significado, mientras el mundo sigue en movimiento.

Hacer, parar y seguir, así debe ser la vida de cada uno. Pensar, decidir, acometer, descansar, observar y sentir. Gozar y volver a empezar, casi como el oficio de juntar versos, casi como el amor en tiempos de esperanza o la paz en un tiempo nuevo.

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