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Los retratos explican quién soy yo y me representan en el tiempo. La serie de autorretratos empezó, de modo intuitivo, en Un lugar por nosotros. Para ese libro hice unos retratos de poetas muy críticos y a modo de contraposición, de equilibrio, para que no fuera evidente de qué poetas estaba hablando, a su lado coloqué una serie de autorretratos demoledores: con pájaros, con sueño, con pistolas, y con teléfono. Más tarde, continué con este proceso que es muy común en el mundo del arte, de la pintura por ejemplo. Y los autorretratos de los grandes pintores que tanto me gustan, como Kirchner, Munch, Nussbaum o el mismo Tiziano, me llevaron a pensar que si ellos se podían pintar de esa manera tan audaz, yo también lo podría hacer, pero, evidentemente de otro modo, con palabras. Creo que tengo bastantes autorretratos, pero sé que no los escribo por una cuestión de narcisismo o de exhibicionismo, sino que lo hago para apuntalar mi voz y reconocer dónde estoy en ese tiempo de la escritura.

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