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No es real la ceniza
cuando el nombre nos entierra.

Nada que se parezca al olvido
la raíz de ese dolor profundo.

No es real. Nos corroe el tiempo,
nos ata y maltrata la hermosura.

Nos vacía el pensamiento
y perfora el hueso cristalino.

No es real la ceniza
que nos cubre la partida.

No es real. Nos devuelve
al principio de las cosas.

Del libro, Poesía sola, pura premonición

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