La realidad toma en sus manos un ser humano
para que abra la puerta y respire lo desconocido.
Todo lo demás parece que muere.

La poesía toma en sus manos un hombre
para que cierre la puerta y respire lo que se desconoce.
Todo lo demás no existe si no se nombra.

La palabra toma en sus manos una mujer
para que vuelva a cerrar la puerta
y respire lo que se intuye, pero no se sabe.

Todo lo demás no vive en el asombro.
No existen las flores marchitas
en el jardín secreto de las palabras.

Quizás nos estaban observando sin saberlo.
La realidad, la poesía y la palabra.
Desde ahora nada nos será prohibido.

Del libro, Poesía sola, pura premonición

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