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En la historia de la literatura hubo mujeres que fueron la inspiración de la obra de grandes poetas. Baudelaire tuvo a Jeanne Duval, Rilke a Lou Andrea Salomé y Pasternak a Olga Ivinskaya. Para Yi Sang, Kumhong fue la fuente de una creación que marcaría la literatura coreana moderna. Las mujeres le causaron profundas heridas, pero le ayudaron a forjar un mundo literario con un estilo nada convencional.

Yi Sang empezó a escribir a partir de 1930. Aunque gozaba de un buen trabajo como arquitecto, desesperado por una tuberculosis crónica, encontró refugio en la escritura, a la que dedicó el resto de su corta vida. Su interés por conocer el mundo le llevó a confrontar el orden social establecido con una escritura crítica que, aun a costa de su propio hundimiento, rompió con las convenciones literarias de la época.

El mundo literario de Yi Sang se sumerge en la exploración del ser humano desde un punto de vista burlesco y masoquista. Las relaciones de pareja, las artimañas del amor, el sometimiento del hombre a la mujer, la infidelidad, los encuentros con las prostitutas, desenmascaran una existencia y una moral donde parece que los sueños no existen en la realidad inmediata.

Flores de fuego, antología de relatos escritos por Yi Sang entre 1936 y 1937, escudriña su mundo interior. Las preguntas sobre la identidad, el descubrimiento de los errores cometidos y los lugares donde vivió se revelan en unas reflexiones sin límites que el poeta transformó para nosotros en arte imperecedero.

Haekyong Kim, más conocido por Yi Sang, nació en Seúl en 1910 y murió en el Hospital Imperial de Tokio en 1937, adonde fue conducido gravemente enfermo por las autoridades japonesas, tras haber sido encarcelado por indeseable y prófugo de la ley.

La fama de genio loco, de poeta de vida disipada, le valió el repudio de la sociedad frente a la amistad de lo más selecto de los artistas de su época. Considerado por la crítica como un autor polémico y vanguardista, su escritura supuso la renovación de las letras coreanas del siglo XX.

Una novela de corte biográfico, Doce de diciembre (1931), poemas experimentales y una serie de cuentos magníficos como los de la presente antología, Flores de fuego, completan la obra de uno de los grandes de las letras orientales modernas.

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