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Con la mirada impenetrable
te mira sin pestañear
durante un largo rato
y luego desaparece
tan sigilosamente
como ha venido.
Pero no, no es la memoria
ni es el olvido.
Si sus ojos son claros.
Dolor si son oscuros
el blues incierto
que no tiene razón ni peso
como tiene sentido
la vida que se pierde
cuando se camina deprisa.
Si es negro es que volverá
sobre sus pasos.
Si es blanco aparecerá
a beber leche de tu mano.
Y si es verdad la tristeza
te llamará sin darte cuenta
y te convertirá en sueño.
Jamás en una pesadilla.
A quien convierte el viento
en silencio y su eco
en deseo compartido
le asaltarán las dudas.
Así el pensamiento.
A veces de blanco.
La mayoría de negro.

Del libro, El gato negro del amor

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