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Tertulias poéticas, Jesús Rodríguez, noviembre de 2011.

Lo primero que sorprende de este libro es su volumen: 542 páginas. Y no se trata, como podríamos pensar en un primer momento, de una recopilación, no, es un título más en la ya extensa obra de Kepa Murua. Libro, pues, de largo, larguísimo aliento y variadas formas, ya que, ojeando el libro, puede parecer que se trata de poesía vanguardista unas veces; otras, que estamos ante una obra surrealista; poesía cercana a la experiencia en otros poemas; o, incluso, poesía metafísica, dependiendo siempre de la página en la que nos paremos.

Pero el libro hay que leerlo poco a poco y entero para darnos cuenta de que, independientemente del verso en el que estemos, tiene una gran coherencia interna, y de que nos encontramos ante un autor herido por la nostalgia (Somos nostalgia de barro), que realiza un esfuerzo enorme por explicarse el mundo que le rodea, aunque a veces sucumba en este intento, porque el dolor se impone.

Libro múltiple, polifacético, borboteante de temas que se van entrelazando, en él siempre reconocemos la voz (clara unas veces, espesa otras) del autor en su personalísimo estilo, empeñado siempre en ser sincero consigo mismo, y consciente de que la palabra (es) el último refugio. Reflexión también sobre la función de la poesía:

Las palabras que amenazan.
Las que son pausa y son silencio.
Las que estaban al principio.
Las palabras reales. Las traducidas.
Las interpretadas en el alcance
de su verdadero significado.
Las que se sitúan alejadas
en el cierre de las frases.
en las imágenes servidas
con su eco transcurrido.
Las que hacen daño.
Las que calman.
Las que suenan viejas
como un susrro.
Las palabras que nos retratan.
Las que nos persiguen
porque sí sin saberlo.
Las que ríen con nosotros.
Las que nos consuelan
y se pierden en el recuerdo.
Estas que son sólo poesía
pura premonición.
¿Quién se atreverá
a reconocerse en ellas
y firmar su pulso inquieto?
Su verdadero significado.

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