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Tener un poema de calles estrechas.
De hielo, de agua, aunque no llueve.
Tener un poema agazapado tras el muro
y recorriendo la silueta de un cuerpo
caminando por el asfalto.
Un poema sin dueño, sin firma un nombre.
Y olvidarse que mañana combatirá el hombre
con la paz de sus rezos, que después
aparecerá un nombre en el sitio donde tú huiste.
Poeta lanzado al abismo. Derrota bañada en verso.
Jamás deletreado en lengua alguna.

Del libro, Cavando la tierra con tus sueños

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