La historia es traicionera y le gusta jugar con el hombre. Las pasiones, los sentimientos, las sensaciones no han cambiado. La ira se siente como antes, la soledad es la misma, la verdad y la mentira adquieren por momentos otro significado, y como el infierno ya no existe y la confusión es eterna, nadie se reconoce ahora en los hechos que impulsaron la historia reciente. La dificultad de interpretar con calma las sensaciones contradictorias que nos invaden cuando sometemos el pensamiento a una única idea nos lleva a creer que vivimos tiempos nuevos y sorprendentes, cuando en realidad solo cambia el íntimo caos del envoltorio. La historia existe en nuestros errores y convive con nosotros cuando creemos que no existe.

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