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Hagas lo que hagas no es asunto de nadie, dice la poesía. La poesía confiesa con su voz serena que todo está bien, aunque a veces no esté permitido. Pero el hombre no vive tranquilo con este tipo de contradicciones semánticas que más que hablar al corazón se dirigen al intelecto. El hombre necesita moverse, no puede estar quieto, necesita de la acción, del gesto nervioso, la inteligencia no es algo que destaque en su mundo ordenado. A la poesía le gustan otras cosas, el sinsentido, lo raro, lo extraño, lo sorprendente, quizá algo que no entiende la gente en un principio, pero que luego se hace claro como música que fuese de siempre

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