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Si el mecenazgo sustenta la cultura, la empresa se inmiscuye en la sociedad para transformarla a su imagen y semejanza. Colmadas sus aspiraciones profesionales, los empresarios se interrogan por los motivos que renuevan la atmósfera ilustrada de la ciudad. A todo hombre le llega un momento en que mira a su alrededor y se pregunta por lo que hace y tiene. ¿Y qué es lo que tiene la ciudad? El tejido empresarial señala el termómetro económico de los que trabajan para mejorar el pasado. Pero el presente reconoce que la vida pervierte las buenas intenciones que se desgastan por los intereses que enrarecen cualquier iniciativa. En el mundo del dinero, por ejemplo, pocos son los empresarios que colman sus aspiraciones profesionales y se vuelcan en el mundo de la cultura transformando las ideas de sus colegas de salón. Ante el prestigio de algo que no responde a beneficios inmediatos, el rico se muestra cauto hasta la saciedad. Más relajado, una vez que cierra la puerta, se vuelca en otras cosas como la gastronomía, la pesca o la caza, siguiendo viejas costumbres que se repiten por tradición. Pero como la sociedad no mejora sin una cultura que una elite económica dispone en un mundo donde todo se ha tergiversado, por suerte no todos son así. Hay quienes apuestan por una cultura que enriquece la iniciativa ciudadana en ámbitos donde la política no llega. Un mundo no cierra las puertas a otro, como se demuestra en lugares donde los empresarios se vuelcan en una filantropía que sustenta la ciencia y el arte. La música no se entiende sin el apoyo incondicional de un grupo de diletantes. Cuando no se invierte en cultura no es por un problema vital de subsistencia, sino por el peso impecable de una conciencia empresarial donde la mano todavía escribe con faltas de ortografía. ¿Son felices los empresarios? ¿Son de verdad inteligentes y cultos? ¿O son privilegiados trabajadores que no saben lo que tienen porque nadie les ha mostrado un camino donde invertir su esfuerzo? La vida no desgrava cuando se habla de conocimiento, pero la cultura vive con muy poco dinero si lo comparamos con el esfuerzo donde la felicidad no se logra con el trabajo. Donde parece que la economía es la asignatura pendiente, el arte sobrevive sin ningún apoyo.

Del libro, Del interés del arte por otras cosas

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