Etiquetas

,

Ha llegado la hora de comportarse con espontaneidad, convertirse en un hombre desenvuelto, algo frívolo si se tercia, y en profundidad, una mujer sin reservas de ningún tipo, que así se alcanza la libertad y la paz profunda según los maestros del saber y la felicidad.

Durante años todo el mundo diciéndote lo que tenías que hacer: nada, desde hoy a pensar por ti mismo. Durante tiempo repitiéndote lo que es bueno para que seas un hombre de provecho o una mujer como es debido: nada, desde hoy a ser como lo que eres de verdad, una persona con todas sus deseos a flor de piel, intentando salir a flote con lo primero que le venga a la cabeza.

Desinhibidos a tope, a gozar como es debido. Si eres una mujer que has soportado tu cuerpo como una losa, a descubrir la libertad de un desnudo en el movimiento más puro: primero tú frente al espejo y luego ante los ojos alocados por la pasión del primer amante que encuentres en el camino.

Si eres un hombre al que han despreciado en el sentido más amplio, el del cuerpo y el deseo más rudo, puedes lanzarte al ruedo con lo que tienes: una fuerza a descubrir por la primera que lo vea. Si sois de esos que lo tenéis claro, nada, a compartir vuestra intimidad plena sin ningún tapujo. Si os gusta mezclaros con otros compañeros de viaje de igual sexo, a contemplar el amor en los pliegues del deseo puro.

Ahora que todo el mundo, hombres maduros y jovencitas, adolescentes y amas de casa, oficinistas y empresarios, funcionarios y políticos de toda clase, acuden a la cirugía estética para mejorar su cuerpo, a los que no tenéis dinero para hacerlo o ganas para intentarlo, os recomiendo desinhibir vuestras conciencias para ser libres como nadie y gozar como cualquiera.

¡Qué es una arruga de más en el rostro! ¡Qué es eso de las cartucheras y los senos caídos! ¿Qué lo de ser calvo y reprimido! Nada, ha llegado la verdadera revolución estética. Desinhibiros para gozar como mandan los ritmos ocultos de vuestros sueños. A bailar, a nadar desnudos, a pasearse por el mundo como si uno fuera un adonis con la sonrisa en los labios y una flor en el trasero.

Acabo de volver de un encuentro tantra en un lugar apartado del mundo. Si hubiesen conocido al sexagenario de mi maestro o a los alumnos más aventajados en el mundo del deseo más libre me harían caso de inmediato. Allí no vi la belleza que prevalece aquí; allí no había modelos de pasarela, sino mucha vida y conocimiento sobre la experiencia del amor y el deseo natural cuando las personas se abrazan. Pero si vieran lo que eran capaces de hacer con sus cuerpos y sus mentes, más de uno debería leer esta fresco de verano que se confunde con un relato de verdad y hacerme caso. Nada, a desinhibirse y a dejarse los complejos en casa. ¡Ah!, y a salir de casa cuanto antes.

Anuncios