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El oficio de vivir como el oficio de poeta. Sólo que con el paso del tiempo parece que nos volvemos más sabios y, habiendo perdido la ingenuidad del principio, seguimos en el empeño de escribir nuestra verdad a los ojos de los demás. Así el paso del tiempo en la memoria de cada uno, en la vida, en el mismo temor a olvidar los momentos vividos porque en todos surge una luz con ese aferrarse a las cosas pequeñas, como una conversación, un paseo, una mirada, para seguir adelante con la felicidad momentánea mientras sujetamos la palabra en medio de la verdad y la amistad o el amor nos vuelven a retratarnos como éramos en un principio. Pero, ¿somos en verdad más sabios o sencillamente nos convertimos en más tercos y más contemplativos? El poeta, pese a que a menudo no comparte su visión con el hombre, sabe que este necesita de la calma para que todo vaya para adelante. Y sin embargo, la poesía se debe al hombre como el silencio a la palabra. La vida tiene ese oficio ineludible como es vivir el tiempo que nos toca y habitar la casa que nos ocupa mientras afuera todo parece detenido, pero es evidente que se mueve.

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