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El desgarro de su vida, así como la fuerza y la necesidad de fijar su obra ante los demás engrandecen aún más lo que sus manos crearon en silencio, alejado de los focos, y sintiendo una luz que solo brillaba en su cerebro. Sentirse artista o sentirse hombre. Sentirse en medio o situarse a las afueras, ver o no ver, mostrarse o dejarse ir, como esos dilemas que acompañan al pensamiento cuando todo lo demás se difumina y el creador se abandona a lo que vendrá, después de plasmar, una vez más, lo que al principio fue una idea, un susurro, y luego, de una manera obsesiva, se convirtió en toda una vida dedicada al arte.

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