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Cuando mi corazón estuvo fuera de mí
yo nunca pude escribir un poema.
Lo intenté, pero no pude.
Tampoco pude escribir una carta
a mi madre por ejemplo
diciéndole que la quería.
Tampoco pude escribir una nota
a mi amigo más cercano
donde le decía que las llaves de la casa
estaban sobre la maceta roja
en la puerta de la entrada.
Cuando mi corazón estuvo perdido
en la inmensidad del tiempo
y la indiferencia eterna
no pude escribir nada.
A mi amor por ejemplo
diciéndole que la echaba de menos
y que esperaba su regreso
como lluvia que suena a diario.
Nada. Ni un poema, ni una carta.
Ni una nota, ni un recuerdo olvidado.
No pude hacer nada más que esperar
que volviera a casa
para escribir ahora este verso
donde digo que de verdad te quiero
aunque nunca te lo haya dicho antes
y sentir mi corazón diminuto
como nunca antes lo sentí
cuando estuvo dentro.

Del libro, El gato negro del amor

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