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Las viejas ideas no tienen vida. Se ha devaluado tanto el honor, la honradez, el trabajo bien hecho, que hoy en día las enseñanzas de los mayores apenas cobran sentido. En la literatura hasta la verosimilitud ha perdido su fuerza cuando la realidad supera con creces cualquier cosa que imaginemos. Todo ha cambiado y todo cambiará todavía más rápido de lo que podemos soñar por mucho que exageremos. Pero escuchando a los profesionales de la palabra parece que los derechos que nos asisten no cambian en su enunciado teórico, por más que luego en la práctica tengamos la sensación de ser los últimos de la especie a la hora de tocarlos con nuestras manos.

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