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Empezaré por algunos detalles. Chaplin le roba la novia a Salinger mientras este estaba en el ejército. “Lo que hay que tratar de oír es lo que no se confiesa” es la conclusión que llega el autor de El guardián entre el centeno, tras leer a Faulkner, una idea que le acompañará en su periplo literario y en sus periodos de soledad. Nosotros escuchamos más cosas. La evolución de las ideas, la perseverancia, los pasos de su escritura: como terapia, como observación, como muestra del sentir de los hombres, como palabras de aliento que ofrecen una esperanza a los lectores de la mano de un escritor rechazado en sus años de juventud por los editores de Nueva York. Es su biografía en medio de la historia con mayúsculas. Salinger desembarca en Normandía el día D., en primera fila de combate contra los alemanes. Y su paso por los servicios de contraespionaje, el dolor al observar el exterminio de los judíos, su primer fracaso matrimonial, su aversión a los editores tras los sistemáticos rechazos de sus relatos por las revistas o su amor incondicional por Kafka, Tolstoi, Dostoievski, Rilke, Keats, Blake y Coleridge le sitúan en una mezcla de misticismo cristiano y budismo zen que comprende la esencia de la escritura y una peculiar manera de entender el oficio que le exige aislamiento y concentración totales. Y sin embargo, el escritor, amante de los jeeps y aficionado a los paseos por el campo, odiaba ser considerado un maestro o un profeta porque entendía que ofrecer un mensaje claro iba en contra de su filosofía. Sigo con más cosas que se olvidan. El silencio de la crítica, la lucha constante para proteger su obra de los mismos editores que se encargaban de ella, el autor hambriento de perfección que reconoce que el ego está conectado a la muerte espiritual, el escritor prisionero de su trabajo y que se convierte en un icono para las nuevas generaciones. ¿Qué hacer? ¿Aislarse aún más? ¿Confiarse a su religión o acercarse a la poesía como espiritualidad y a la escritura como vocación? Pero me quedo con estas buenas páginas de Kenneth Slawenski, titulada J. D. Salinger, una vida oculta, cargada de detalles y explicaciones sobre una vida que sirve para conocer a un Salinger que confiaba en su trabajo y que valoraba el respeto por uno mismo y por el prójimo, más allá de la ambición que ha de tener un artista por su obra o un escritor que con sus pasos, acertados o no, nos muestra que así como la vida empieza en uno, no acaba con la muerte.

 

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