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El tiempo es uno. No poder llevar a cabo todos los proyectos que barajamos como cruciales. Y el dinero, sí, el dinero es otro. Un escritor independiente nunca tiene la liquidez suficiente para promocionar sus libros como quisiera. Aunque pensándolo bien, no tenerlo es asimismo saludable, porque así tienes una claridad de ideas en cuanto a tus propias limitaciones, y trabajas con un ritmo propio, el de un oficio todavía artesanal en su concepto, por más que las tecnologías hayan renovado el mundo de la edición. En otras palabras, porque te conviertes en un escritor que va libro a libro, sin que te vuelvas loco con proyectos inverosímiles que no están al alcance de tu mano.

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