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La verdad es que vivimos en una perpetua crisis, pero en mi caso estoy acostumbrado. Es como una mentira que se convierte en verdad. O una verdad a la que no se le da demasiada importancia con tal de que la maquinaria siga en pie. Nadie quiere cambiar nada, ni los libreros, ni los distribuidores, ni los propios editores o escritores. La máxima es que perviva el negocio aunque sigamos cayendo hasta tocar fondo.

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