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Si quiere mantener la calma y que la familia no rompa su armonía por estas fechas, no beba más por favor y piense en lo que dirá antes de abrir la boca. La última vez que lo hizo llamó fascista a su hermano y frígida a su cuñada. Se lo merecían por lo que ha tenido que aguantar por su modo de entender la vida, pero ya ve, ahora, en vez de un pequeño malentendido, tiene usted un problema con su familia política. Si le parece le explico entonces un par de trucos para que elija, según los momentos del día, su bebida sin más. Empiece con la bebida sentida, esa que apaga la sed de golpe, sin darnos cuenta, y que siente cada palabra como si se pesara en una balanza del entendimiento la razón de lo dicho. Tras esa que ataca a la piel, pero no a los sentidos, pase a la bebida ensimismada, una mezcla explosiva de un licor desconocido y una pizca de absenta que nos desplaza del sitio, como si se nos fuera el cuerpo a un par de metros de los ojos y viéramos allí a un hermano gemelo que ha abandonado su sombra por unos días. Estas bebidas nos mantienen frescos y despejados, son las mejores para pensar sobre lo que vamos a hacer antes de mover un músculo. Aunque si no quiere moverse de sitio pruebe la bebida tonificante, un elixir para los sentidos que corren de un lado a otro como pelotas de goma que se lanzan ante la masa multitudinaria. No confundamos las cosas, la bebida gratificante que usted busca ahora para evadirse con una respuesta contundente que le permita la huida a toda costa es la bebida empalmada, la que sirve para ligar la noche con el día, junto con aquellos que, como usted, se manifiestan en medio de la calle. Pero, como hasta los más luchadores necesitan de descanso, le presento ahora la bebida mística, la única capaz de perdonar cualquier locura en estos tiempos que corren. Con los efectos de este líquido puede usted decir la frase más rara, que le tomarán por un profeta que confiesa los pecados cometidos. Pero si de verdad quiere epatar a la familia pruebe con el zumo centrífugo, un líquido que le llevará de un lado a otro de la casa, hasta dar con el agua afrodisíaca, esa bebida que provoca sentimientos tan dulces como sentir en la mitad de la piernas la cara de la amada. Para descansar del trasiego pruebe la bebida convulsa que le llevará a sospechar que su pasado retorna entre sus labios, como se besa a quien no se desea una noche de dulce borrachera. Para la resaca es preferible recurrir a la bebida solitaria, un caldo entre el ungüento y la limonada casera, incapaz de curar nada, pero que tanto prestigio tiene en el mercado. Pero cuidado, si usted quiere beber en paz y recuperarse en unos días, no recurra a la bebida euskadi y no se le ocurra mezclarla con la bebida españa.

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